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La Felicidad

Publicado en por Aquiles

La felicidad para Nietzsche

Para Nietzsche, la felicidad (comúnmente entendida) es un camino inventado por aquellos que mienten y que es impuesto. La felicidad no es algo externo, algo que se descubra afuera del hombre. No es un mandato, puede ser, en dado caso, sólo una recomendación, que depende de nuestra voluntad de realizar o no, pero nunca una norma. Éstas normas, para Nietzsche, van generalmente en contra de la felicidad individual, de manera que “[l]as normas que se llaman «morales» están, a decir verdad, dirigidas contra los individuo y no tienden, en ningún caso, a su felicidad”[1]. La felicidad es posible cuando surge de las leyes propias del individuo, y será proporcional a “su tamaño”. Hombres pequeños (es decir aquellos que siguen la doctrina de la felicidad y la virtud y no sus propias leyes) tendrán felicidades pequeñas.

Sin embargo, apunta Nietzsche que:

“[m]uchos hombres no son capaces más que de una felicidad insignificante […] Ojalá que todas las personas de buena fortuna encuentren la concepción de la existencia que pueda realizar su más elevada concepción de la felicidad: incluso así su vida puede seguir siendo lamentable y poco envidiable”[2].

Puedes ir o no por la felicidad, es irrelevante, pues puedes no buscarla y ser dichoso o, por el contrario, buscarla, creer encontrarla y eso no quita que se pueda ser desgraciado. A lo anterior, no es la felicidad el destino de la vida. El mismo destino es puesto en entredicho por Nietzsche.

Nos parece entonces que, Nietzsche critica la idea de felicidad que, más que a la realidad, se obsesiona en apuntar al conocimiento de esa realidad, es decir, al realismo, ese intento exagerado de representar fielmente la realidad (actitud que tanto criticaba a Platón), que elimina las sugerencias que ésta —la realidad en sí— muestra sin mostrar.

Entonces, la felicidad para Nietzsche (la felicidad individual) está comúnmente basada en leyes desconocidas para todos los otros, donde los preceptos exteriores no pueden hacer más que dificultarla, pues éstos sólo apuntan a “la felicidad de la mayoría” y no a la propia.


Referencias:

  • Friedrich Nietzsche, Aurora, Tr. Germán Cano. Madrid: Biblioteca Nueva, 1ª edición, 2000. En lo consecutivo Aurora = A.

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