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EL NACIONALISMO ARGENTINO

Publicado en por Aquiles

El Nacionalismo Argentino Citerea - 1
EL NACIONALISMO ARGENTINO
Por Ma. Isabel De Ruschi Crespo
“Patriotism is the virtue of the vicious”
Oscar Wilde
El nacionalismo, como política doctrinaria antiliberal, hispanista y generalmente católica, defensora de los intereses materiales y espirituales de la Nación, surgió en la Argentina a fines de la década del veinte. Los nacionalistas coincidieron en sus críticas al radicalismo y a la democracia, pero, aunque contribuyeron a crear un clima político adverso a Yrigoyen, no tuvieron participación directa en el golpe del 6 de septiembre de 1930.
El uriburismo de principios de la década del ’30 suele ser identificado con un nacionalismo. Nunca se llevó a cabo del proyecto original del general Uriburu, que estaba inspirado en las ideas de Carlos Ibarguren favorables a la consolidación de un Estado fuerte a ejemplo de la Italia fascista, con la organización de una democracia funcional sobre la base de la representación social por corporaciones y sindicatos. Los especialistas distinguen dos corrientes del nacionalismo: de derecha, tradicionalista o restaurador, y de izquierda, dinámico o populista.
Los nacionalistas de derecha han sido frecuentemente identificados con los fascistas, falangistas y nazis, pero (salvo el caso en que el grupo se autoproclame como tal) los principios que sostienen sus partidarios hacen imposible considerarlos similares a aquellos.
En cuanto al denominado nacionalismo de izquierda o populista, sus raíces se remontan a los escritos de Manuel Ugarte, Saúl Taborda y José Luis Torres.
Desde 1935, y hasta 1943, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), que frente a la política del general Justo propuso retornar a los ideales nacionalistas de Yrigoyen, con la opción de un golpe de estado popular para derrocar al régimen, se constituyó en su vocero principal. Así lo podemos ver en el famoso documento que la agrupación leyó en ocasión de la inauguración del monumento a George Canning:
“INGLESES son los medios de comunicación y transporte. INGLESAS las empresas monopolizadoras del comercio exterior. INGLESAS en su mayor parte las empresas de servicios públicos. INGLESAS las más grandes estancias de la República. INGLESAS las mejores tierras de la Patagonia. INGLESAS todas las grandes tiendas. INGLESAS todas las empresas que rinden dinero y están protegidas por el Gobierno Argentino. INGLESAS son las voluntades que manejan la moneda y el crédito desde el Banco Central. INGLESAS son las directivas a que obedece nuestra política exterior e interior. INGLESAS "son" las Islas Malvinas y las Orcadas. Reflexione que tal esclavización de un pueblo -típico de toda política imperialista, cualquiera sea su bandera- operada arteramente durante un siglo por Gran Bretaña, sólo ha sido posible por la permanente y traidora entrega del país, realizada por nuestra oligarquía. En consecuencia, nuestra lucha de argentinos debe ser doble: contra el enemigo extranjero que invade y contra el enemigo de dentro que entrega. Y mientras el fascismo intenta la sustitución del coloniaje británico por el de otras potencias, y el marxismo trabaja por destruir la Revolución Nacional, las direcciones de la Unión Cívica Radical, empecinadas en su oportunismo electoralista, se
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oponen a la línea de intransigencia y de lucha argentina. F.O.R.J.A., expresión auténtica de la Unión Cívica Radical, desde su invariable posición de combate, concita al pueblo para la reconquista y defensa de su soberanía”.
En la configuración doctrinaria del nacionalismo político en la Argentina influyeron el nacionalismo integral, antirromántico, contrarrevolucionario y antidemocrático del francés Charles Maurras, y el espíritu de reivindicación de lo hispánico, resultado del intercambio cultural entre la Generación del 98 y el modernismo hispanoamericano de Darío y Lugones.
En los orígenes del programa político nacionalista, cabe destacar la obra de Ricardo Rojas y el pensamiento de Leopoldo Lugones. En 1924, Lugones (socialista primero, luego liberal) optó definitivamente por un nacionalismo autoritario, antidemocrático y militarista. Con una cosmovisión vitalista y utilitaria, que deslindaba la moral de la política y que pretendía organizar a la sociedad como si fuera una estructura biológica, sostenía en su discurso ‘La hora de la espada’ que, frente al pacifismo que debilita a los pueblos y a la democracia que los reduce a la demagogia, la fuerza es la única solución eficaz, que garantiza el respeto de los valores nacionales (autoridad, jerarquía y milicia), valores estos que sólo el Ejército puede salvaguardar.
Lugones se constituyó así en el fundador del militarismo integral, siendo ejemplo de ella la dictadura fascista de Mussolini. Proponía la reforma de la Constitución y solamente aceptaba la democracia con la condición de que esta no llevara al parlamento ni al sufragio universal. Para liberar a la economía de la dependencia extranjera y lograr el autoabastecimiento económico, sugería extremar las medidas de protección a la industria nacional y evitar el monopolio estatal.
Aunque incoherente en muchas de sus propuestas, sus críticas a la izquierda junto a su hispanofobia, su rechazo al cristianismo y su admiración por los Estados Unidos serán características inconstantes de su pensamiento controvertido y cambiante.
En 1925, apareció en Buenos aires, con la dirección del maurrasiano Juan Emiliano Carulla, el primer periódico nacionalista del país: La Voz Nacional, al que se subscribió el general Uriburu. En 1926, otro grupo fundó, en la misma ciudad, un Partido Nacionalista.
La parición del semanario La Nueva República, en 1927, dirigido por Rodolfo Irazusta, dio lugar al nacionalismo republicano. El régimen republicano, representativo y federal de la Constitución de 1853 sería la culminación de esta tradición, que los partidos del nacionalismo republicano creían que se había corrompido. Seguían a Charles Maurras, descartaban la monarquía, simpatizaban con Mussolini y si adoptaron la representación corporativa, lo hicieron sólo por ser un sistema sugerido por el catolicismo y no como un modelo fascista.
El programa de los republicanos se modificó después de la Revolución del ’30: luego de un serio análisis histórico, los Irazusta, Julio y Rodolfo, advirtieron (en La Argentina y el Imperialismo británico, 1934) que lo que diluye el ser nacional no es la democracia sino únicamente el espíritu liberal extranjerizante de la clase dirigente. Se señalan los efectos negativos de la política económica de Inglaterra y se reivindica la figura de Rosas, convirtiéndola en protagonista esencial de la defensa del país contra los extranjeros. Con el tiempo, los Irazusta valoran incluso positivamente, como parte de nuestra tradición, la función política del radicalismo y de Yrigoyen en la defensa de los valores nacionales.
El objetivo principal de los nacionalistas republicanos no fue instaurar un sistema de gobierno diferente, sino liberar al país de las ataduras de los intereses extranjeros y devolverle su condición de patria soberana. Para lograrlo, era necesaria una acción política organizada y autónoma: repudiaron todo nacionalismo oficialista y todo filofascismo y aspiraban a crear un partido propio: el Nacionalista.
El sector del nacionalismo doctrinario (Leopoldo Lugones y el grupo de Córdoba de Nimio de Anquín) condenaba sin distinción al liberalismo y a la democracia, pues consideraba que ambos habían vulnerado la tradición hispana y católica. Abogaba por un estado autoritario, con un gobierno dictatorial que impusiera por la fuerza el orden y la jerarquía. No aceptaba bajo ningún concepto la constitución de un partido político y la única vía para conquistar el poder era la sublevación militar, pues consideraba que el Ejército era la única institución que había logrado conservar las tradiciones
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patrias. El dictador debe gobernar asistido por una minoría aristocrática y por el pueblo, representado por sectores sociales o corporaciones.
El conjunto de las agrupaciones nacionalistas y filofascistas fue muy heterogéneo. Generalmente fueron fuerzas de choque enemigas de los partidos políticos y favorables a la revolución como medio para implantar un estado corporativo, anticomunista, y en casos, antisemita, con manifestaciones de aspiración netamente europea (uniformes, marchas, saludos con el brazo derecho en alto).
Los uriburistas organizaron así, en mayo de 1931, la Legión Cívica Argentina, fuerza de apoyo paramilitar al gobierno en todo el país. En febrero de 1932, Carulla fundó la Agrupación Liga Republicana de la Legión Cívica, acompañada a partir de 1932 por la predica diaria de Bandera Argentina.

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